sábado, 19 de noviembre de 2016

El CINE REVOLUCIONARIO.
El mundo del cine latinoamericano comenzó a tomar conciencia de su dependencia de la cinematografía norteamericana. En la década de 1960 ya comenzaron los intentos por romper el mito que Hollywood había creado sobre su tierra. Argentina había dado muestras, aunque aisladas, de cine independiente y local de calidad. La visión del nuevo cine argentino formaba parte de toda la oleada revolucionaria contra el dominio cultural, económico, social y militar norteamericano. Era un cine didáctico, que intenta enseñar al pueblo sus orígenes, sus valores propios culturales y que debía servir como herramienta de lucha para facilitar la liberación política y social. Los argumentos de las películas son extraídos de la vida cotidiana, sobre todo de la de los más pobres y marginados, o de la historia reciente de sus países, en ocasiones llena de invasiones, matanzas y degradación.
En casi todos los países latinoamericanos, los gobiernos militares en ellos imperantes coartaron el desarrollo de ese nuevo cine hacia la mitad de los años 70, matando y encarcelando a sus practicantes, o bien enviando a éstos al exilio.

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